miércoles, 8 de septiembre de 2010

ICONOGRAFIA PALEOCRISTIANA EN GALA PLACIDIA

Después de un fantástico verano de viajes y experiencias , era hora de volver al trabajo. Pero la inauguración de septiembre no me corresponde a mí, sino a mi amigo y mentor , el inigualable JV. Como puede que no todo el que entre en este blog le conozca, en una pequeña píldora que concentra lo mejor de su esencia , diré que es infatigablemente inquieto y curioso, a pesar de que atesora un mar de sabiduría. Su especialidad es la Historia Medieval, pero es un campo pequeño para sus investigaciones, que incluyen, en primer lugar, disfrutar de la vida. En palabras de un sabio: nada de lo humano le es ajeno. Gracias por tu humanidad y por tu post.


Por fin cumplo mi compromiso con Ana de publicar un post en su blog. Es para mi un auténtico placer poder compartir espacio con una gran profesional a la que admiro sinceramente. Espero que esta pequeña aportación, al menos, mantenga el altísimo nivel de su blog.
Para la bitácora de una gran mujer que mejor que hablar de otra gran mujer: Aelia Gala Placidia, ejemplo de ese grupo de féminas cuya aportación histórica nunca es valorada en su justa medida. Esta llevó las riendas de un Imperio en descomposición, donde la consolidación triunfante del Cristianismo como doctrina preeminente, nos dejo joyas arquitectónicas y artísticas de una belleza inigualable que a la sazón se han concentrado de forma monumental en la ciudad de Ravenna, último reducto del ya agonizante Imperio Romano allá por el siglo V.

Vamos a centrar nuestro post en el que se considera su mausoleo, aunque hoy sabemos que sus restos no descansan allí. Su propia forma ya nos esta informando de elementos cristianos que a

través de símbolos sirven de guía a los iniciados en la fe que durante mucho tiempo fue perseguida. Presenta una cruz griega casi perfecta que alude a ese período inicial llamado paleocristiano que suele combinar una estructura exterior austera con un interior donde la exaltación decorativa de los mosaicos alcanza una plenitud casi poética.
Se combinan en su interior: un alto zócalo de mármol ambarino en la parte inferior (restaurado en el siglo XIX) y una profusión de mosaicos deslumbrantes en la bóveda y las paredes .




La gama cromática va desde el intenso azul añil como fondo sobre el cual resaltan armoniosamente tonos grisáceos, celestes y dorados, reavivados con sobrios acentos rojos, verdes y amarillos. El ambiente interior tiene un gran encanto y da una sensación de quietud espiritual que se ve reforzada por la luz filtrada a través de las ventanitas de alabastro que dan una luz cálida y dorada.

En la cúpula aparece un cielo nocturno con 570 estrellas de oro que giran concéntricamente alrededor de una cruz latina dorada colocada en el centro, y que es el símbolo de redención. En los cuatro costados, emergen sobre nubes sutiles los cuatro símbolos de los Evangelistas :El León (San Marcos), El Águila (San Juan), El Toro (San Lucas) y el Hombre Alado (San Mateo).




Las referencias iconográficas son muchas y variadas, encontramos un bello Crismón con el Alfa y el Omega que simbolizan el principio y el fin, símbolo de la omnipresencia divina y de su concepto de Creador. (Foto detalle Crismón).

La referencia a la eucaristía aparece como uno símbolo casi emblemático de Gala Placidia, dos palomas aparecen bebiendo de un jarro. De esta forma aúnan en un mismo icono dos mensajes la salvación de las almas (que representan las palomas y su resurrección a través de la comunión, que implica la relación casi biológica con Dios).



La imagen se convierte en puro soporte de un concepto, perdiendo en esta transformación sus cualidades visuales naturalistas (perspectiva, armonía, volumetría, realismo...) que ya no son necesarias. Sólo quedará aquello que transmite información (jerarquía, simbología...) o sentimientos religiosos (hieratismo como forma de lejanía de la divinidad).
No obstante la fuerza artística y cromática de los mosaicos del mausoleo de Gala Placidia, es incontestable. Así, en uno de los brazos cortos laterales, aparece una profusión de colores que nuevamente remarcan la simbología con imágenes espléndidas como la que podemos ver en esta foto .






En ella, además de una nueva referencia a la eucaristía con fantásticas vides entrelazadas que provocan un casi mágico juego de contrastes cromáticos, vemos dos ciervos que se acercan para beber en un pequeño lago encrespado (detalle muy tosco con líneas más gruesas que marcan ese movimiento acusado del agua) rodeado por un verde prado. Esta escena alude a los versos del Salmo XLI-1-2, que dice: “Como brama el sediento ciervo por las fuentes de agua, así ¡oh Dios¡ clama por ti el alma mía”. Como vemos el valor didáctico y el mensaje son de lo más elocuente, para una sociedad que curiosamente al igual que pasa hoy en día con la nuestra, aprende más por la imagen, que por la palabra o el discurso del que enseña. La imagen del ciervo vinculada también con el creyente refuerza la idea de esa fe, si cabe más intensa en estos momentos, donde el encuadre de determinados grupos sociales, fue clave para la consolidación del catolicismo como vía preferente, dentro de las diferentes corrientes cristianas.






También tenemos a San Lorenzo,quien aparece con los atributos de su orden diaconal, con el libro de los Salmos y la cruz procesional, que se encamina al martirio en una parrilla en llamas. Va presto (píes danzantes) y decidido a dar su vida por su fe, con lo que se remarca esa idea de sacrificio tan importante en estos momentos de reafirmación de la iglesia que como vemos en imágenes anteriores aparece simbolizada en la figura de San Pedro y San Pablo (Foto San Pedro y San Pablo)


En la misma fotografía observamos un pequeño armario abierto que permite entrever, apoyados sobre dos anaqueles, cuatro libros encuadernados en rojo donde leemos claramente el nombre de sus autores que no son otros que los Cuatros Evangelistas que veíamos anteriormente representados.

Por último la imagen del Buen Pastor entre su rebaño remata otro de los lunetos. Esta imagen nos recuerda aún la representación de Cristo en la clandestinidad como un Moscóforo, un pastor de rebaños, utilizado por los primeros cristianos y que alude a la definición que hizo de si mismo en Juan X,14. Aparece caracterizado como un joven imberbe, esto es el Cristo alejandrino tan típico del siglo IV. Se le representa también en la variante conocida como Pastoral Celestial, en donde cuida de su rebaño con cruz de palo largo (resurrección).


En definitiva como vemos una pequeña construcción puede encerrar los más bellos e increíbles tesoros y este es el caso de este pequeño mausoleo, donde el alma intelectual se reconforta con una joya del arte del mosaico del que existen otros ejemplos pero que en Gala Placidia y en Ravenna, encuentra quizás una de sus más excelsas expresiones.
Un placer poder compartir este trabajo contigo.

Fotos JV y Eugenia.
Texto José Vicente Matellanes

2 comentarios:

jotav dijo...

Sólo puedo decir que en ese viaje que es vivir uno tiene el gran placer de conocer personas de la talla humana e intelectual de Ana, que hacen que la vida es un deleite más placentero. Compartir inquietudes y retos es, sin duda, una de esa delicias que endulzan el devenir de los paladares que siempre quieren más. Ana es una de esas sorpresas que uno encuentra en el menú vital, es un placer compartir con Vd. señora.

Vicente Camarasa dijo...

Una gozada de post en un blog magnífico. Qué más se puede pedir. Junto al ausente sempiterno de la red que habla además inglés, vosotros dos habéis sido de lo mejor que me ha pasado en estos dos últimos años, tanto en lo humano como en lo profesional.
Cuánto he apredido y me he reído con vosotros.
Repito. Una verdadera gozada. Muchas gracias por existir.